Balon Volea Balon Pie Badminton Baloncesto Balon Mano Bola Pateada Tenis de Mesa Natación

Primera Infancia

 En El Salvador, la primera infancia se define como el periodo desde la gestación hasta los 9 años, crucial para el desarrollo integral de los niños. El país tiene políticas y programas, como la estrategia Estrategia Nacional para el Desarrollo Integral de la Primera Infancia, que se enfoca en promover oportunidades de desarrollo desde el nacimiento. Estos esfuerzos buscan garantizar un mejor comienzo en la vida mediante intervenciones en nutrición, salud, educación y estimulación temprana, a través de entidades como el CONAPINA, el Ministerio de Salud y el ISNA. 

Partiendo de esa Introduccion la primera infancia ya en especificamente en desarrollo corporal veremos los siguientes aventuras 

Área motora

Dimensión del desarrollo motor grueso: se refiere a las habilidades y capacidades de coordinación de los grandes grupos musculares del cuerpo, mantener la posición, el control y el equilibrio, y adquirir fuerza, agilidad y velocidad a sus movimientos.








Reglas Bkb 2018

DESCARGA DE REGLAS ACTUALIZADAS 2018click de descarga de reglas bkb 2018

Los pediatras piden que no se medique por déficit de atención a menores de 7 años


Los pediatras han expresado este jueves su preocupación por el aumento del número de diagnósticos de trastornos por déficit de atención en niños cada vez más pequeños y han pedido que se reflexione sobre la necesidad de tratar con fármacos a menores de siete años.

Entre el 5 y el 17% de los niños menores de 14 años en España padece Trastorno por Déficit de Atención con/sin Hiperactividad (TDAH), el trastorno del neurodesarrollo más frecuente en la infancia, según han explicado en rueda de prensa con motivo del XII Curso de Actualización en Pediatría que reúne en Madrid a 700 profesionales de toda España.

Algunos de los síntomas del TDAH en niños menores de seis años -inatención, hiperactividad, impulsividad, mal rendimiento académico o problemas de conducta- son transitorios y pueden acabar desapareciendo con la edad, sin embargo, puede que estos síntomas persistan de forma crónica.

"Si los niños son movidos, impulsivos, necesitan jugar o les aburre la clase, en una sociedad de la perfección, en la que prima lo cognitivo, puede que empecemos a etiquetar a los niños de un trastorno que está construido", ha alertado la presidenta de la Asociación Madrileña de Pediatría de Atención Primaria (Ampap), Concha Bonet.



Aunque ha señalado que esto no significa que no haya niños que puedan tener realmente un trastorno, ha advertido de que tratar con fármacos a niños a partir de siete años es preocupante.

No se puede pretender -ha dicho Bonet- que niños tan pequeños estén sentados en un pupitre sin moverse durante tres o cuatro horas seguidas.

"Entendiendo que los profesores tienen sus aulas desbordadas y que, a veces, presos de ese desbordamiento, podemos mandar a los niños a que sean medicados para que se comporten mejor", ha admitido, sin embargo ha llamado a reflexionar sobre lo que estamos haciendo "perversamente" en "nombre del amor".

Lo que ocurre con el TDAH -ha explicado- es que cuando a unos padres les dicen "veinte veces" que su hijo no atiende en clase, que está distraído, que saca malas notas "y existe una pastilla que al niño le centra y saca mejores notas, la gente opta por medicar".

Pero -ha recordado- también se medica si te deja tu pareja y lo pasas mal, cuando simplemente estás pasando un duelo.



"Si la timidez empieza a plantearse como una enfermedad, una fobia social, que si el déficit de atención, que el niño sea movido también es una enfermedad, puede que dentro de poco los sanos serán enfermos que no han pasado por un médico", ha apuntado.

Por eso, Bonet ha pedido a los pediatras que vigilen lo que se hace con los niños y cómo se les está etiquetando "porque una etiqueta de salud mental la llevas el resto de tu vida", ha alertado.

Otro de los aspectos que preocupa a los pediatras es la obesidad infantil. Según un estudio realizado por la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (Aepap) con más de 370.000 niños, el 33% de los menores de 14 años presenta obesidad y sobrepeso.

Según ha explicado la coordinadora del Curso, Concha Sánchez Pina, el exceso de peso durante la infancia es un factor de riesgo para la edad adulta, "ya que un niño obeso tiene un 80% de posibilidades de seguir siéndolo a los 35 años".



Además, un 5% de los adolescentes presenta síndrome metabólico con obesidad abdominal, hipertensión, aumento de triglicéridos, aumento de azúcar y descenso del colesterol unido a lipoproteinas de alta densidad.

Ante esta situación, los pediatras han pedido a los padres y profesionales que inculquen a los menores hábitos saludables y que den ejemplo.

Los pediatras han denunciado también la "fuerte presión asistencial" que sufren, ya que el 51% de ellos atiende a más de 30 pacientes al día y el ratio de atención niños/pediatra sigue aumentando desde 2011.

Además, ha denunciado que más del 32% de los pediatras ha tenido que pasar, en alguna ocasión, la consulta completa de un compañero.

Como afecta el divorcio a los niñ@s

Se sabe que los niños que viven en hogares rotos o con padres divorciados son más propensos a desarrollar problemas personales y de conducta, pero hay una variabilidad muy grande entre niños y en la forma de afrontar la situación que tiene cada uno. De todas formas un divorcio no tiene porque ser extremadamente dañino para un niño si se tienen en cuenta ciertas medidas y precauciones. Veamos que factores influyen en la reacción del niño y que podemos hacer para minimizar el impacto de un divorcio en un menor.

Casi todos los niños suelen superar con éxito los divorcios con el tiempo (tras 1 o 2 años) y con un mínimo de consecuencias psicológicas, si bien es cierto que los niños por lo general suelen presentar más problemas que las niñas.

Efectos del divorcio en los hijos:

A parte del divorcio como tal hay otros factores que se asocian a este que se consideran un factor de riesgo para un divorcio más complicado:

Perdida de poder adquisitivo, los gastos ya no se comparten.
Cambio de residencia, colegio y amigos.
Convivencia forzada con alguno de los progenitores o algún familiar.
Disminución de la influencia del progenitor con el que no conviven.
Introducción de parejas nuevas de los padres.
Mala adaptación de alguno de los padres (hostilidad o depresión).
Presión hacia los hijos para que tomen partido o proyección de la hostilidad hacia ellos.
Estos son los factores sobre los que debemos incidir para evitar divorcios complicados.


En conjunto todo lo que supone el divorcio se desencadena en los niños en un menor rendimiento académico, disminución de la autoestima o el autoconcepto, dificultades sociales, problemas emocionales (miedo, ansiedad, depresión…) y problemas de conducta. Aunque estos problemas se suelen producir durante el divorcio (a corto plazo) y acabar superándose tras unos años (ante la estabilización de la situación) además se cree que a largo plazo estos niños crecerán en adultos con más dificultades en comprometerse con parejas y con problemas para creer en la continuidad de las relaciones.



La ruptura también puede aumentar las interacciones negativas entre hermanos por lo general, excepto si las diferencias de edad son grandes y uno es “el mayor” (un adolescente).

Habrá niños que por su temperamento y la situación del entorno decidirán llevar a cabo una evitación, ignorar lo que les ocurre y ocultar y reprimir sus sentimientos, hacer como si nada (como estrategia de afrontamiento). Esto puede hacer que los padres falsamente perciban que las cosas van bien pero no es así. Esta estrategia se asocia con niveles más altos de depresión, ansiedad y problemas de conducta.


Efectos según la edad del niño:

De 2 a 6 años: Se creen culpables por no portarse bien, no haber hecho las tareas o comerse toda la comida, el pensamiento mágico les lleva a tomar responsabilidades que no son reales. Temerán quedarse solos y abandonados. En los más pequeños son habituales conductas regresivas como volver a hacerse pipí en la cama, chuparse el dedo, querer dormir con los padres… También pueden aparecer rabietas, necesidad de llamar la atención constantemente, ansiedad de separación (miedo a separarse de los padres) y vinculación excesiva (normalmente con la madre). En ocasiones, el niño puede alternar entre la agresividad o el menosprecio y la búsqueda de un afecto incondicional.
Además pueden alterar su patrón de comidas y sueño y presentar quejas somáticas no justificadas (dolor de cabeza, estomago). Pueden volverse niños apáticos, introvertidos. Algunos niños se negarán a ir a casa de uno de los progenitores (normalmente el padre). Los niños de estas edades son los más afectados a corto plazo pero mejoran a largo plazo pues acaban por olvidar la situación, no recuerdan las peleas, etc.

De 7 a 12 años: No saben muy bien como reaccionar ante el problema y ante su propio dolor. Creen que los padres se pueden volver a juntar y lo intentan produciendo más frustración en la pareja. Al disponer de mayores recursos verbales esto les ayuda a exteriorizar sus sentimientos.
Pueden haber conductas de recriminación a los padres con la esperanza de intentar unirlos de nuevo si siguen sin aceptar la realidad. En ocasiones se dan casos de conductas manipulativas, de menosprecio o rencor a alguna de las figuras paternas paralelamente a la idealización de la otra (asimetría emocional). Suelen tender a tomar bandos.
Además frecuentemente presentan sentimientos de culpa, conductas de riesgo, baja autoestima, dificultades en las relaciones con sus iguales, baja tolerancia a la frustración y agresividad. Puede ser que el rendimiento escolar disminuya también.
Adolescentes: Sienten miedo, soledad, depresión y culpabilidad. Dudan de su propia habilidad para casarse o mantener una relación. Es una época complicada para los jóvenes y el divorcio suele amplificar los problemas típicos de estas edades, por ejemplo pueden incrementar sus conductas de riesgo (alcohol y drogas), ser más promiscuos… Los adolescentes tras una situación así (sobretodo las chicas) pueden acabar por desarrollar una tendencia a vincularse afectivamente a relaciones inestables.
Aparecen dificultades en las relaciones con los iguales con alta impulsividad y poca capacidad para la resolución de conflictos a través del diálogo. Suelen aparecer conductas delictivas.
Los adolescentes pueden presentar baja autoestima, agresividad y poca tolerancia a la frustración. En los casos más severos puede derivar a un trastorno disocial. El divorcio les enseña a ser escépticos con valores como la confianza, el amor y la lealtad. Puede haber inversión de roles o parentificación instrumental (que los hijos acaben asumiendo tareas y responsabilidades de alguno de los padres, ejerciendo de “padres”), esto se asocia con más ansiedad y depresión. Suele ocurrir que se les exijan más responsabilidades y tareas por regla general en los divorcios.Es el único grupo que puede empeorar pasados 18 meses, ante una inicial adaptación y un periodo favorable pueden presentar síntomas más tarde.
Las consecuencias del divorcio por regla general suelen ser peores en niños que en niñas, ellas suelen adaptarse mejor a la situación.

Para los hijos una separación (igual que para los padres) supone un proceso de duelo, cada niño lo afrontará de diferente manera pero por lo general muchos de los problemas se superarán y los niños suelen recuperarse pasado un año o así, si no ha habido complicaciones.

Síndrome de alienación parental

Aunque este síndrome no cuenta aún con el apoyo de la comunidad científica es un tema recurrente cuando se habla de divorcio.

El Síndrome de Alienación Parental (SAP) es cuando el hijo denigra, rechaza e insulta de forma sistemática a uno de los progenitores inducido por la manipulación del otro progenitor. Por ejemplo la madre le dice lo malo que es el padre y el niño acaba por ponerse en contra intentando defender a la madre que se anuncia como víctima. Por lo general se sabe que es extremadamente perjudicial para los hijos que se les exija tomar bandos y ponerles en contra del otro progenitor.

En este síndrome los hijos desarrollan un odio patológico (e injustificado) hacia uno de los progenitores mientras idealizan al otro. En su forma más leve pueden ignorar a uno de los progenitores.

¿Cómo debo actuar para ayudar a mi hijo?

Lo ideal sería un apoyo mutuo entre la pareja divorciada, cooperando para la educación de los hijos y evitando la confrontación, especialmente delante de los hijos. Los padres deben ser capaces (independientemente de sus problemas personales) de crear un proyecto educativo común, de permanecer en cierta manera unidos ante los hijos, en lo que respecta a sus cuidados. Solo el 25% de los divorciados consiguen mantener este tipo de relación. Hasta un 15-20% de los padres divorciados siguen teniendo conflictos pasados dos años de la separación.

En cuanto a quien debe tener la custodia es muy relativo, pero hay estudios que afirman que los hijos criados por el progenitor del mismo sexo se desarrollan mejor, sin embargo, hasta los 5-6 años la vinculación con la madre es muy fuerte; se recomienda no separar a los hijos (en edades muy tempranas) de la madre por periodos prolongados pues esto podría ser traumático para los hijos (a no ser que la madre no estuviera en condiciones de cuidar de ellos adecuadamente). En cambio en la adolescencia hay estudios que consideran la adaptación mejor bajo custodia del padre pues este ejerce un mejor control y presenta menos problemas adaptativos, económicos y emocionales ante la situación.

Los padres deben hacer entender al niño que siempre van a estar ahí, que estarán incondicionalmente y que aunque no vivan juntos van a trabajar conjuntamente para las necesidades del niño. En los más pequeños (2-5 años) será importante que se produzcan los mínimos cambios posibles (cambio de domicilio, escuela…), además necesitarán reforzar su vinculación con la figura principal (normalmente la madre).

No hay que intentan “ganarse” a los hijos con regalos o dinero, ni intentar ponerle en contra del otro progenitor. Tampoco hay que utilizar al niño como mensajero para que la otra persona se entere de cosas o sacarle nosotros información sobre la ex pareja.

Se deben evitar a toda costa las discusiones delante de los hijos. SÍ se debe explicar a los niños (adecuándose a la edad) lo que ha ocurrido y porque se ha tomado la decisión, como van a ser las cosas de ahora en adelante y que seguirán estando ahí incondicionalmente para ellos aunque no estén juntos. Procurar que el niño entienda que no tiene nada de culpa y enfatizar las cosas que nos siguen uniendo a esa persona, no centrarnos excesivamente en lo negativo.

Se deben organizar meriendas o pequeñas quedadas en las que estén ambos padres y que en este tiempo dediquen atención conjunta al hijo y se interesen por sus aficiones, futuro, etc… Mostrando cierta complicidad. Esto es muy difícil cuando la relación entre ambos es conflictiva pero se debe intentar ya que ayudará mucho al hijo y le ayudará en la transición hacia la separación de hogares.

No se debe intentar forzar el agrado hacía nuevas parejas ni intentar sustituir al otro progenitor, tampoco hay que permitir que la nueva pareja contradiga las normas establecidas por los padres (en consenso).

Se recomienda un estilo educativo democrático: los padres deben ser equitativos y consistentes con las normas y castigos pero nunca hostiles, debe haber supervisión. Todo esto acompañado de un alto afecto. Esto solo funcionará si ambos padres aplican las mismas normas y el mismo estilo educativo; deben utilizar las mismas estrategias educativas.

No hay que intentar ser amigos de los hijos, esa no es nuestra función. En cuanto a las normas y tareas no siempre se tiene que negociar, habrá cosas que se tendrán que imponer por el bien del niño aunque a este no le guste.

Por lo general los estudios determinan que en el caso de que sea la madre la que quede a cargo de la custodia las áreas a trabajar y que más problemas producirán serán las de la disciplina y control de los hijos. En cuanto a los padres los problemas vendrán a ser de comunicación, confianza y supervisión.

Si uno de los dos padres no tiene la custodia se debe intentar establecer en el primer año las pautas de involucración con los hijos pues sino es probable que se produzca un distanciamiento progresivo una vez pasado este tiempo. Se debe intentar que el progenitor sin custodia siga participando en algunas actividades rutinarias, que tome parte en las decisiones educativas, se interese por los hijos, etc…

Todo esto es en el caso de que la influencia de ambos padres sea positiva, si uno de los padres solo aporta hostilidad y conflictos o tiene problemas psicológicos puede que la evolución en los hijos sea mejor sin tener contacto con este progenitor.

Para acabar quiero decir que todas las familias son diferentes y que aunque los datos hablan de estadística esto no quiere decir que todos los casos concretos sean así. Se deberán tener en cuenta las circunstancias específicas de cada caso para tomar buenas decisiones.
Fuente: Las consecuencias del divorcio en los hijos, ABC, Psicoterapeutas.com, Psicodiagnosis.es.

Gimnasia laboral: la tendencia de ejercitar en el trabajo

Sobrepeso, mala condición física y afecciones mentales son algunos de los problemas que tenemos hoy debido a que el mundo nos obliga a estar sentados. El exceso de sedentarismo llamó la atención de varias compañías que acudieron a la gimnasia laboral para revertir este inmóvil y nocivo problema. 

Cómo es la clase

En un principio a esta actividad se le denominó “gimnasia de pausa”. Sin embargo, no debe entenderse como una pausa o una pérdida de tiempo, porque está planificada dentro de los procesos de la empresa y es específica para las tareas que allí se realizan.

Por ejemplo, por cada hora que el empleado está frente a una computadora, tiene que hacer de 5 a 10 minutos de ejercicios de compensación, para activar las zonas que se mantienen quietas al estar sentado. Si, por el contrario, la persona trabaja de pie puede practicar una rutina específica para reducir la hinchazón y prevenir la aparición de várices. 

La sesión es guiada por un instructor certificado, que debe tener la suficiente creatividad para realizar rutinas variadas y que incentiven a los trabajadores. Al presentar los ejercicios, se tiene en cuenta las distintas aptitudes físicas: la intensidad se adapta a las necesidades de cada empleado. 



Tipos de gimnasia laboral

* Preparatoria: se realiza antes del inicio a la jornada laboral o después de almuerzo, cuando muchos trabajadores tienen somnolencia. Es una gimnasia de activación. Incluye ejercicios de estiramiento y preparación de las partes del cuerpo que serán exigidas durante el trabajo. 

* Compensatoria: se realiza dentro de la jornada laboral como una pausa activa. Consiste en ejecutar ejercicios de compensación para, por ejemplo, activar las partes del cuerpo que no se usan habitualmente. Sus objetivos son prevenir afecciones, disminuir molestias y reducir la fatiga.

* Relajación: por lo general se realiza al finalizar la jornada de trabajo. También la practican mucho los ejecutivos antes de alguna reunión que se caracteriza por la toma de decisiones.


Beneficios de ejercitar en el trabajo

* Alivia la espalda. Un estudio realizado entre 300 trabajadores de instituciones demostró que antes de iniciar el programa la prevalencia de molestias en la zona lumbar era de un 72 % y al cabo de 6 meses de intervención se redujo a 44 %. Se debe a que los ejercicios son específicos para aliviar las molestias declaradas por los trabajadores y para reducir los riesgos que generan algunas posturas. 

* Relax y energía. En otro estudio un 65 % de los trabajadores declaró sentirse en un estado de mayor relajación y un 52 % manifestó tener mejor ánimo y energía. 

* Mayor eficiencia. Numerosos practicantes lograron tener una reducción de lumbago, sobrepeso y trastornos cardiovasculares, que se traducen en mejoras de la productividad y disminución del ausentismo laboral.

TIPOS DE PROBLEMAS DE APRENDIZAJE


1- Dislexia

Dislexia se define como dificultad para leer. Cuando los niños están aprendiendo a leer y a escribir en el jardín infantil y en primer grado, es común que confundan la letra “b” con la “d”, el número “6” con el “9” y que confundan otros tipos de palabras. Es importante aclarar que esto no es un problema de visión, sino que el cerebro está invirtiendo o modificando la secuencia de la información que recibe de los ojos. La mayor parte de los niños supera este problema antes de los siete años aproximadamente. Sin embargo, en el caso de los jóvenes disléxicos, los problemas de lectura persisten.


En otra forma de dislexia, la mente identifica correctamente la palabra que “ve”, pero tarda en relacionarla con su significado. Estos adolescentes leen muy despacio y es posible que tengan que releer el material varias veces antes de comprenderlo. Otras actividades de comunicación también pueden presentar dificultades, tales como comprender el lenguaje oral y expresarse de forma oral y escrita


2- Disgrafía

Disgrafía (o agrafía) se define como dificultad para escribir, como resultado de la dislexia, de una coordinación motora deficiente o de problemas para entender (interpretar) el espacio. La forma de manifestarse depende de la causa. Un informe escrito por un adolescente con disgrafía debido a la dislexia tendrá muchas palabras ilegibles o mal escritas. Por otra parte, la torpeza motora o una deficiencia en la percepción visual y espacial sólo afecta la letra, no la ortografía


3-La Disortografía
es un trastorno específico de la escritura. El niño que lo padece comete constantes errores en la escritura, sobre todo faltas ortográficas, pero no tiene dificultades de lectura.

Para no confundirlo con errores de escritura, es importante aclarar que este trastorno se manifiesta como una particular dificultad para realizar correctamente la escritura. La disortografía se puede detectar a través de los escritos del niño. Algunas posibles causas son:

* Perceptivas, como deficiencias en el desarrollo visual y auditivo.
* Espaciotemporales, presentando dificultades para diferenciar los rasgos característicos de las letras. 
* Intelectuales, es decir, no haber alcanzado la madurez suficiente como para lograr la transcripción correcta de las palabras. 
* Problemas de lenguaje, como una mala pronunciación, que le pueda llevar a confundir letras; o un deficiente uso del vocabulario, que le imposibilite conocer cómo se escriben correctamente las palabras. 
* Psicológicas, por ejemplo, una baja motivación hacia el aprendizaje de la ortografía. 
* Pedagógicas, como el uso de métodos inadecuados para el aprendizaje de la ortografía.

4-Discalculia

La discalculia se define como dificultad para hacer cálculos matemáticos. Las matemáticas son un problema para muchos estudiantes, pero la discalculia puede hacer que un adolescente no comprenda incluso conceptos matemáticos básicos.

5-Discapacidad de la memoria y el procesamiento auditivo 

Las discapacidades de la memoria y el procesamiento auditivo incluyen la dificultad para comprender y recordar palabras o sonidos. Es posible que un adolescente escuche con normalidad y, sin embargo, no recuerde las partes importantes porque su memoria no está almacenándolas ni descifrándolas de manera correcta. O tal vez escuche una frase pero no pueda procesarla, especialmente si se usan palabras complejas, es muy larga o se dice rápidamente, o si hay ruido de fondo. En el caso de los jóvenes con trastornos de procesamiento auditivo central (TPAC), el zumbido de un ventilador o los sonidos típicos de una clase pueden interferir con el aprendizaje.

6-Trastorno por déficit de atención e hiperactividad —TDHA 

La American Academy of Pediatrics (AAP) ha publicado recomendaciones sobre las pautas para el diagnóstico y el tratamiento del trastorno por déficit de atención e hiperactividad. Las pautas, elaboradas por un panel de expertos en medicina, en salud mental y en educación, están dirigidas a los médicos de atención primaria (y también a los padres) para ayudar a comprender mejor cómo reconocer y tratar el TDHA, el trastorno neuroconductual más común de la niñez.

Entre el 4 % y el 12 % de todos los niños en edad escolar tienen TDHA. Por lo general, el primer paso que es diagnosticar la afección, no puede hacerse con éxito hasta que el niño tenga aproximadamente seis años.

La pautas de la AAP para el diagnóstico incluyen lo siguiente:

La evaluaciones del TDHA deben ser iniciadas por el médico clínico de atención primaria en el caso de niños que muestran signos de problemas escolares, bajo rendimiento académico, relaciones problemáticas con los profesores, los miembros de la familia y los pares (compañeros) y otros problemas del comportamiento. Hacer preguntas a los padres, ya sean directas o mediante un cuestionario previo a la visita, acerca de la escuela y los problemas del comportamiento pueden ayudar a alertar a los médicos sobre un posible TDHA.
Al diagnosticar el TDHA, los médicos deben usar los criterios del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-IV) elaborados por la Asociación Estadounidense de Psiquiatría (los síntomas incluyen facilidad de distracción, hiperactividad e impulsividad). Estas pautas requieren que los síntomas del TDHA estén presentes en dos entornos o más de un niño, y que afecten de manera negativa la función académica o social del niño durante, al menos, seis meses.
La evaluación del TDHA debe incluir información obtenida directamente de los padres o los cuidadores, como también de un profesor de la escuela u otro profesional de la escuela, acerca de los síntomas básicos del TDHA en diversos entornos, la edad de la aparición, la duración de los síntomas y el grado de la discapacidad funcional.

La evaluación de un niño con TDHA también debe incluir una evaluación de afecciones coexistentes: problemas del aprendizaje y del lenguaje, agresión, problemas de disciplina, depresión o ansiedad. Casi un tercio de los niños a los que se les diagnostica el TDHA también tienen una afección coexistente.

Las pautas de tratamiento incluyen las siguientes recomendaciones:
Los médicos clínicos de atención primaria deben establecer un programa de tratamiento que reconozca el TDHA como una afección crónica. Esto implica la necesidad de educar sobre la afección y un sistema de control sostenido para registrar los efectos del tratamiento y los cambios del desarrollo en el comportamiento.

El médico clínico que brinda el tratamiento, los padres y el niño, junto con el personal de la escuela, deben especificar objetivos adecuados para guiar su manejo. Los objetivos deben estar relacionados con los problemas específicos del niño, como el desempeño escolar, la dificultad para terminar tareas y los problemas de interacción con compañeros de escuela.
Si es apropiado, el médico clínico debe recomendar una terapia conductual o medicamentos estimulantes para mejorar síntomas específicos en los niños con TDHA. Las pautas proporcionan una reseña de la evidencia científica para recomendar medicamentos y terapia conductual.
Cuando el tratamiento para un niño con TDHA no ha cumplido sus objetivos, los médicos clínicos deben reevaluar el diagnóstico original, todos los tratamientos apropiados, la adhesión al plan de tratamiento y las afecciones coexistentes, tales como discapacidades del aprendizaje y problemas de salud mental.

El médico clínico debe brindar al niño con TDHA un seguimiento periódico y sistemático. El control debe estar dirigido a los objetivos individuales del niño y a cualquier efecto adverso del tratamiento, y la información debe recolectarse de los padres, los profesores y el niño. Las pautas recomiendan áreas para futuras investigaciones en relación con opciones de tratamiento, resultados a largo plazo y otras áreas en el manejo de los niños con TDHA.
Aunque a menudo parece que el TDHA se atenúa durante la pubertad, “Sabemos que eso no es verdad”, señala la Dra. Suzanne Boulter, pediatra de Concord, New Hampshire. “En realidad, la hiperactividad puede disminuir, pero la falta de atención y la impulsividad no se modifican. A medida que estos jóvenes atraviesan la escuela secundaria y la universidad, es posible que estos problemas sean el mayor obstáculo para el éxito académico”.

7-Trastorno del espectro autista/Trastorno generalizado del desarrollo

El autismo es un trastorno con una variedad de síntomas que van de leves a graves. Las etiquetas, como autismo clásico, síndrome de Asperger y trastorno generalizado del desarrollo no especificadas de ninguna otra manera son confusas porque los jóvenes con estas afecciones tienen muchas características en común, como capacidades sociales deficientes, hipersensibilidad a imágenes y sonidos, dificultades para adaptarse al cambio y otros intereses idiosincrásicos (distintivos). La diferencia entre un niño y otro es, frecuentemente, una cuestión de grado. Como resultado, todos estos diagnósticos son parte de un trastorno del espectro autista.

8-El síndrome de Asperger y el autismo ocupan lados opuestos del espectro; de hecho, el síndrome de Asperger (SA), a menudo, es conocido como autismo “leve”. Si bien la mayoría de los niños con SA tienen una inteligencia promedio o superior al promedio, cuatro de cada cinco niños y niñas autistas demuestran algún grado de discapacidad intelectual. Otra diferencia clave involucra el habla. Los niños con autismo, por lo general, tienen un retraso en el habla. Por otro lado, los niños con síndrome de Asperger tienden a ser verbalmente precoces. Y una vez que comienzan a hablar, es como un dique que se rompe. El Dr. Hans Asperger, el pediatra austríaco que descubrió el trastorno, llamaba a sus pacientes “pequeños profesores”, por sus inclinaciones a dar cátedra.

“Dependen mucho de sus destrezas del lenguaje para arreglárselas -observa el Dr. William Lord Coleman de la Facultad de Medicina de la Universidad Duke y la Facultad de Medicina de la Universidad de Carolina del Norte- y, por lo tanto, las utilizan excesivamente. Esto puede abrumar a las personas.” Esto juega un papel importante en las dificultades que tienen para interactuar con sus pares. Los adolescentes que tienen el síndrome de Asperger pasan muchísimo tiempo (incluso para los adolescentes) en su propio mundo pero, por lo general, se sienten solos y desean hacer amigos. El problema es que no saben cómo actuar en los entornos sociales. Entre esto y sus excentricidades, es posible que se vuelvan víctimas de burlas y de intimidaciones. Los padres de un niño con SA, o cualquier otro trastorno, deben hacer todo lo posible para estar en sintonía con los humores del joven. Las tasas de ansiedad, depresión y suicidio son inusualmente altas en este grupo.

Para distinguir el autismo clásico del síndrome de Asperger los pediatras y los especialistas pediátricos se basan en las pautas de diagnóstico del Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (en inglés). La mayor parte de los niños se encuentran en algún lugar del medio del espectro. Aproximadamente, solo un joven de cada mil recibe un diagnóstico de autismo clásico. Se cree que la incidencia (cantidad de casos) del síndrome de Asperger es el doble y, posiblemente, el triple.

9-Discapacidad intelectual

En los Estados Unidos hay, aproximadamente, medio millón de adolescentes que tienen discapacidad intelectual. Según su clasificación, nueve de cada diez tienen una discapacidad intelectual leve y uno tiene un nivel de función intelectual, o coeficiente intelectual (CI) de entre 50 y 69 (55 puntos por debajo del promedio). Un IC de entre 35 y 49 ubica a una persona en la categoría de discapacidad intelectual  moderada; de entre 20 y 34, en la de discapacidad intelectual  grave; y de menos de 20, en la categoría de discapacidad intelectual profunda.

10-Trastorno de aprendizaje no verbal (TANV) y su relación con el TDAH

¿Qué es el trastorno de aprendizaje no verbal (TANV)?

El Aprendizaje "NO verbal" o procedimental, es el sistema de memoria implícita que sustenta la adquisición y uso de rutinas y habilidades motrices, cognitivas e interactivas. Supone un ahorro del trabajo consciente y la atención, y facilita la fluidez de la conducta (Narbona, 2009.)

Johnson y Myklebust describieron en 1967 por primera esta patología. Años más tarde otros autores propusieron otras denominaciones para el TANV como Gillbert, que lo denomina DAMP (Déficit de atención, control motor y percepción) o en la actualidad que también se le conoce  como TAP (Trastorno de aprendizaje procedimental) (Narbona, 2009.)

El TANV es un tipo específico de trastorno del aprendizaje a pesar de que no están definidos los criterios diagnósticos, ya que el TANV  no aparece en las categorías diagnósticas CIE-10 o DSM-IV. A pesar de esto, según Artiagas "casi todos los casos de trastorno de aprendizaje no verbal podrían ubicarse dentro de otro trastorno reconocido en el DSM."

Los TANV conforman un grupo de trastornos de  aprendizaje, de etiología poco clara en la mayoría de los casos, pero se considera un síndrome neurológico como resultado de un daño o déficit funcional en las conexiones neuronales del hemisferio derecho, el cual se encarga de integrar la información procedente de las áreas sensoriales y dar una respuesta global. Por tanto, este tratorno engloba déficit primarios en la percepción táctil y visioespacial, en las habilidades de coordinación psicomotora y el procesamiento de la información no verbal (táctil, visual y perceptiva.) (Rigau-Ratera et al., 2004.)

Las manifestaciones neurocognitivas del este trastorno serían:

Dificultades para enfrentarse a situaciones nuevas.
Adquisición dificultosa de habilidades motrices y de percepción rápida global.
Dificultades en la coordinación psicomotora.
Buen desarrollo formal del lenguaje y del pensamiento basado en el lenguaje verbal.
Dificultades  visioperceptivas y de orientación espacial.
Disfunciones sociocognitivas.
Dificultades académicas.
Problemas comunicación no verbal.
Uso inadecuado de la pragmática verbal.
Dificultad de comprender las claves no verbales de la relación social (gestos, miradas, intencionalidad, doble sentido, ironía...).
Déficits en la cognición social.
Dificultades en lectura y escritura (lentitud de los procesos de descodificación y codificación).
Cuando se está ante una sospecha de un posible trastorno de aprendizaje no verbal, hay que llevar a cabo una exhaustiva evaluación psicopedagógica y neuropsicología que recoja el rendimiento en pruebas tanto de funcionamiento verbal como ejecutivo (WISC-R, Figura de Rey, Test de Inteligencia no verbal TDNI-2, Memoria visual y verbal, Funciones instrumentales,  lectoescritura, cálculo, etc.) En el caso del TANV las puntuaciones en la escala de inteligencia WISC-R, del CI verbal(CIV) son mayores que las puntuaciones del CI manipulativo (CIM) y el funcionamiento lingüístico está preservado (Lorenzo, 2012).

También se establece una relación en las puntuaciones de las subpruebas de dígitos y claves del WISC-R con las puntuaciones obtenidas por los sujetos que con TDAH.

A nivel cognitivo, muchos  niños y niñas con una discapacidad intelectual leve funcionan apenas por debajo de sus compañeros que no tienen la discapacidad. Incorporan información y destrezas nuevas, pero un poco más despacio. Los problemas que sí tienen pueden estar relacionados con la memoria, las destrezas para resolver problemas, el pensamiento lógico, la percepción y el margen de atención.

Al igual que los padres de otros adolescentes con necesidades especiales, las madres y los padres, probablemente, estén tan preocupados por el desarrollo social de su hijo como lo están por su progreso académico. La adolescencia es una etapa en la que una persona que es diferente del resto puede convertirse en objeto de burlas. Los jóvenes que tienen una discapacidad intelectual, además de sus limitaciones intelectuales, pueden tener problemas de salud física o mental que también llamen la atención. Por lo general, son muy conscientes de sentirse distintos de sus pares que no tienen problemas de aprendizaje. Son susceptibles a sentimientos de frustración y depresión, lo que es comprensible.

Un diagnóstico de discapacidad intelectual se basa en el CI  y en otros dos estándares:
Limitaciones significativas en dos destrezas esenciales de la vida cotidiana o más (comunicación, cuidado personal, lectura, escritura, etc.)
La afección debe estar presente antes de los 18 años.








ENFERMEDAD DE OSGOOD SCHLATTER



Empecemos con una buena noticia: la enfermedad de Osgood-Schlatter da mucho menos miedo que su nombre. Aunque es una de las causas más frecuentes del dolor de rodilla durante la adolescencia, en el fondo, no se trata de una enfermedad, sino de una lesión por sobreuso (uso excesivo o repetitivo). La enfermedad de Osgood-Schlatter puede resultar bastante dolorosa, pero se suele resolver en un plazo de 12 a 24 meses.

Sobre la enfermedad de Osgood-Schlatter

La enfermedad de Osgood-Schlatter es una inflamación del hueso, cartílago y/o tendón de la parte superior del hueso de la canilla (tibia), el lugar donde se adhiere el tendón de la rótula. Lo más frecuente es que solo afecte a una rodilla.

La enfermedad de Osgood-Schlatter suele afectar a adolescentes activos en torno al principio del estirón, el período de aproximadamente 2 años durante el cual crecen muy deprisa. Los estirones pueden empezar en cualquier momento entre los 8 y los 13 años en las niñas, y entre los 10 y los 15 en los niños. La enfermedad de Osgood-Schlatter antes era más frecuente en los niños que en las niñas pero, como cada vez hay más niñas que hacen deporte, esto está cambiando.

El riesgo de que un adolecente desarrolle la enfermedad de Osgood-Schlatter se incrementa con la practica de deportes que implican correr, hacer giros y saltar, como el baloncesto, el fútbol americano, el voleibol, el fútbol, el tenis, el patinaje artístico y la gimnasia. No existe un acuerdo general entre médicos sobre cuál es el mecanismo que origina la lesión pero todos ellos coindicen en que participa el sobreuso (uso excesivo o repetitivo) y la sobrecarga.







Los niños son más vulnerables:

durante el estirón porque en esta fase sus huesos, músculos y tendones crecen muy deprisa y no siempre al mismo ritmo. Con el ejercicio, las diferencias en tamaño y fuerza entre los distintos grupos musculares ejercen una sobrecarga excesiva sobre la placa epifisaria de la parte superior de la canilla. (La placa epifisaria es una capa de cartílago próxima al extremo del hueso donde ocurre la mayor parte del crecimiento óseo. Es más débil y más vulnerable a las lesiones que el resto del hueso).

La mayoría de los padres llaman al pediatra cuando su hijo lleva varios meses quejándose de dolor de forma intermitente. El dolor puede ser de débil y sentido solo durante la actividad a intenso y constante.

Entre los síntomas de la enfermedad de Osgood-Schlatter, también se incluyen los siguientes:

el dolor empeora con el ejercicio
el dolor se alivia con el descanso
hinchazón y/o sensibilidad a la presión y el tacto debajo la rodilla y sobre la parte superior de canilla
cojera después de hacer ejercicio
tensión en los músculos que hay alrededor de la rodilla (los isquiotibiales y el cuádriceps)
Síntomas que no son propios de la enfermedad de Osgood-Schlatter son el dolor en reposo, dolor en el muslo o un dolor muy fuerte que despierta al niño por la noche o que lo hace llorar. Si su hijo tiene cualquiera de estos síntomas, hable con su pediatra.

¿Cómo se trata?

La enfermedad de Osgood-Schlatter se suele resolver cuando los huesos del adolescente dejan de crecer, generalmente entre los 14 y los 18 años. Hasta entonces, solo es preciso tratar los síntomas. El descanso es fundamental para que se alivie el dolor. Los padres encuentran una cruel ironía el hecho de que los niños más activos sean los que más tienden a desarrollar la enfermedad de Osgood-Schlatter y también los menos proclives a dejar descansar el área afectada.

En los casos leves, los pediatras recomiendan a sus pacientes que limiten las actividades que les causan dolor. Podrán seguir practicando deporte siempre y cuando el dolor sea leve. Cuando los síntomas se exacerben, es posible que se deban tomar un breve descanso con respecto al deporte.

Cuando su hijo pueda volver al campo de juego, las plantillas absorbentes de impactos pueden reducir la sobrecarga en la rodilla. Aplicar calor húmedo durante 15 minutos antes de la actividad o hielo durante 20 minutos después de la actividad son pautas que permiten minimizar la hinchazón. Las almohadillas de gel que se utilizan en la lucha libre y las rodilleras que se utilizan en el baloncesto (disponibles en los buenos establecimientos de artículos deportivos) permiten proteger una canilla sensible de golpes y moretones. Es importante disponer de un buen programa de estiramientos, centrado principalmente en los isquiotibiales y los cuádriceps y practicado antes de la actividad. Es posible que el pediatra de su hijo también le recomiende analgésicos de venta sin receta médica, como el ibuprofeno, o antiinflamatorios de venta con recete médica.






Los casos más graves requieren más tiempo de descanso y suelen implicar detener por completo todos los deportes y actividades físicas. Los niños que sean muy activos pueden encontrar esta recomendación sumamente difícil de seguir, pero una rodilla gravemente afectada por la enfermedad de Osgood-Schlatter no se puede curar sin reposo. Algunos niños hasta acaban necesitando yesos o férulas para seguir las recomendaciones de sus pediatras. Después de pasar un tiempo prolongado sin hacer deporte, los niños deberán retomar la actividad física con mucho cuidado, generalmente teniendo que seguir un programa de fisioterapia donde aprenderán a estirarse y a practicar ejercicios de estiramiento.

Las consecuencias a largo plazo de la enfermedad de Osgood-Schlatter suelen ser muy poco importantes. A algunos niños les queda un bulto permanente pero indoloro debajo de la rodilla. En contadas ocasiones, algunos pacientes pueden desarrollar un crecimiento óseo doloroso debajo de la rótula que se debe extirpar quirúrgicamente. En torno al 60% de los adultos que padecieron la enfermedad de Osgood-Schlatter cuando eran niños experimentan cierto dolor al arrodillarse.


SÍNDROME DE ASPERGER

¿Qué es el síndrome de Asperger?



La definición de la palabra síndrome implica, en sí misma, un conjunto de síntomas que aparecen en una enfermedad o cuadro clínico. A continuación, iremos profundizando en cada uno de los síntomas que, en su conjunto, permiten diagnosticar a una persona el síndrome de Asperger.

El síndrome de Asperger aparece descrito por primera vez en 1944, por el autor del que recibe su nombre, Hans Asperger. Justo un año después de que Leo Kanner describiese los síntomas propios del Autismo.

Aparece por primera vez en el Manual Diagnóstico y Estadístico de los trastornos mentales en su cuarta edición (DSM-IV), dentro del grupo de los trastornos generalizados del desarrollo. En este grupo, además del síndrome o trastorno de Asperger, también se encontraban el trastorno autista, el trastorno de Rett, el trastorno desintegrativo infantil y el trastorno generalizado del desarrollo no especificado, categoría donde se incluían todos aquellos diagnósticos que por unos motivos u otros no cumplían criterios para los anteriores.

DSM-IV: El Síndrome de Asperger se define como una alteración cualitativa, grave y persistente, de la interacción social y también del desarrollo de patrones de comportamiento, intereses y actividades repetitivas y estereotipadas. Que causa un malestar significativo en áreas importantes de la vida de la persona que lo padece, como la actividad social, laboral, escolar o familiar.

Otro manual muy utilizado por los expertos, es la Clasificación Internacional de enfermedades (CIE-10). En ella encontramos la siguiente definición:

CIE-10: El síndrome de Asperger se trata de un trastorno de validez nosológica dudosa, caracterizado por el mismo tipo de déficit cualitativo de la interacción social propio del autismo, además de por la presencia de un repertorio restringido, estereotipado y repetitivo de actividades e intereses. Difiere sin embargo del autismo en que no hay déficits o retrasos del lenguaje o del desarrollo cognoscitivo. La mayoría de los afectados son de inteligencia normal, pero suelen ser marcadamente torpes desde el punto de vista motor. El trastorno se presenta con preferencia en varones. Parece muy probable que al menos algunos casos sean formas leves de autismo, pero no hay certeza de que esto sea así en todos los casos.

Me parece importante introducirnos en el Síndrome de Asperger haciendo esta puntualización ya que, en la actualidad, el último Manual Diagnóstico y Estadístico de los trastornos mentales (DSM 5) publicado no incluye, como tal, una categoría en sí misma del síndrome de Asperger. Éste aparece incluido dentro de los trastornos del neurodesarrollo, en el llamado Trastorno del Espectro Autista (TEA) que describe dos áreas diferenciadas perfectamente: la comunicación social y las conductas repetitivas, que en este trastorno se ven alteradas en tres niveles diferentes de gravedad.

Tendremos que imaginarnos las dimensiones como en un continuo, como si fuera el espectro de la luz donde, en un extremo se encuentra el nivel 1, en el que la persona requiere apoyos; en el medio un nivel 2 donde la persona requiere un apoyo importante; y en el otro extremo un nivel 3, en el que la persona necesita apoyos continuos.

Síndrome de Asperger en adultos: características y síntomas
La característica principal de las personas con síndrome de Asperger, es la alteración persistente en la interacción social. Esto es, la dificultad que tienen estas personas para relacionarse con otras. Hasta el punto que, sin los apoyos adecuados, las dificultades en la comunicación social causan limitaciones importantes.

Tienen dificultad, por ejemplo, para iniciar conversaciones o interacciones con otras personas. Mostrando respuestas poco comunes y que no tienen éxito en el contacto con los otros. Por ello, puede parecer que su interés en las relaciones sociales es mínimo.

Puede que las personas con síndrome de Asperger sean capaces de involucrarse en una comunicación e intervenir en una interacción social, pero fallarán a la hora de mantener una conversación, o cuando quieran conocer a alguien o hacer amigos, haciendo intentos de conversación peculiares e ineficaces.

Las capacidades de las personas con síndrome de Asperger les permiten, generalmente, tener una vida relativamente independiente, personal y profesionalmente. Pero a pesar de ello, lo que podría llamarse su discapacidad social, es muy severa. Y ésta les hace difícil su integración escolar, les complica la búsqueda de trabajo o adaptarse bien al entorno laboral, así como iniciar y mantener relaciones de amistad con sus iguales, encontrar una pareja o formar una familia.

Los adultos con síndrome de Asperger 

adquieren un lenguaje formal adecuado, pero muchos tienen problemas para utilizarlo eficazmente para comunicarse, es decir, en la pragmática. Esto ocurre porque, neurocognitivamente, no tienen la capacidad necesaria para entender los estados mentales de las otras personas. Y por ello, no interpretan adecuadamente las conductas no verbales, especialmente, las expresiones faciales. Lo que les convierte en personas tremendamente vulnerables, porque tampoco interpretan correctamente las intenciones de otras personas.

Síndrome de Asperger en niños: características y síntomas
Las características descritas en el apartado anterior son las mismas que aparecen en niños con síndrome de Asperger.

Según Lorna Wing, algunas de las anomalías conductuales comienzan a manifestarse en el primer año de vida del niño.

En niños con síndrome de Asperger, es frecuente observar una falta de socialización con sus iguales en entornos como el colegio o el parque. El problema no es tanto que no quieran tratar de relacionarse con sus iguales, sino que no tienen las habilidades necesarias para hacerlo. Esa “falta de empatía” se traduce a menudo en un aislamiento escolar por considerar otros niños sus interacciones o respuestas como extrañas.

En cuanto al lenguaje de los niños con síndrome de Asperger, cabe decir que es a menudo mecánico, por el tono o el volumen del habla. También suenan a veces pedantes e interpretan el lenguaje de forma literal.

Al igual que en los adultos, los niños con este trastorno suelen tener áreas y objetos por las que muestran un interés especial. Por ejemplo, cuando son pequeños utilizan siempre los mismos objetos para el juego o al ir al colegio, se apasionan -o muestran un interés casi obsesivo- por ciertos aspectos de la historia, la geografía, las matemáticas o la lectura. También muestran patrones repetitivos de conducta o rituales, como por ejemplo querer ir siempre por el mismo camino al colegio. De tal forma que si no es así, muestran malestar significativo.

Por último, niños con síndrome de Asperger suelen presentar torpeza motora. Es decir, el desarrollo de los movimientos o de la motricidad del niño puede ir con retraso en comparación con sus iguales, y pueden manifestarse también dificultades de coordinación de los movimientos.

Síndrome de Asperger: causas
En la actualidad, la prevalencia del síndrome de Asperger en la población es entre 20 y 25 personas afectadas por cada 10.000. Es mucho más frecuente en varones que en mujeres, con una proporción de 8 varones por cada mujer.

No se conoce de forma exacta el origen de los trastornos del espectro autista, ni tampoco del síndrome de Asperger.

Aunque las investigaciones conducen a que puede tener origen biológico. Se han encontrado diferencias en estructuras y en regiones específicas del cerebro de niños con trastorno del espectro autista en comparación con sus iguales sin dicho trastorno.

Estas diferencias aparecen, por ejemplo, en ciertas zonas cerebrales donde se ha dado una migración anormal de células durante el desarrollo del feto.

Se ha observado también, un aumento de las conexiones neuronales entre los lóbulos frontales del cerebro, el sistema límbico y las zonas temporales, que son la base para el desarrollo de capacidades que permiten la adquisición adecuada de las funciones superiores.

Los factores genéticos también parecen tener importancia en los TEA. Por ejemplo, se observa el factor hereditario entre el 37% y el 90% de las personas afectadas por este trastorno. Y hasta un 15% de los casos se asocian a una mutación genética.

Cuando hablamos de causas de los trastornos del espectro autista, se tienen en cuenta factores de riesgo tales como la edad avanzada de los padres o el bajo peso al nacer.

Las manifestaciones tempranas de los trastornos del espectro autista han sido investigadas y revisadas desde distintas fuentes, y proporcionan el apoyo a las explicaciones psicológicas que ponen el énfasis en considerarlo un trastorno del desarrollo, en el que se ve afectada la constitución de las competencias sociales, que en un desarrollo normal se pueden observar a partir del último trimestre del primer año de vida.

Cabe mencionar aquí, que es un mito totalmente falso y descartado, que el trastorno del espectro autista se relacione con la vacuna triple vírica.

Síndrome de Asperger: diagnóstico
El diagnóstico del síndrome de Asperger es más complicado que la detección del autismo. Dicho en otras palabras, los niveles más graves de afectación, son más fácilmente detectables que en aquellas personas en las que la adquisición del lenguaje es relativamente normal y no aparece ninguna discapacidad de tipo intelectual.

Se debe realizar por especialistas en trastornos del espectro del autismo, mediante la observación del comportamiento, la evaluación de las competencias psicológicas y también se debe realizar una valoración médica. Las competencias psicológicas que generalmente se evalúan son la inteligencia, las habilidades adaptativas conceptuales, sociales y prácticas, el lenguaje y la historia de desarrollo del niño o el adulto.

Hay que tener en cuenta que cuanto más temprano sea el diagnóstico antes podrán ponerse en marcha estrategias para proporcionar los apoyos adecuados a las personas afectadas por síndrome de Asperger. Estos apoyos serán, por ejemplo, terapias psicológicas adecuadas, tratamiento farmacológico, apoyo escolar o ayudas económicas.

Síndrome de Asperger: tratamiento
El tratamiento del Síndrome de Asperger debe basarse siempre, y en lo más estrictamente posible, en las características del niño o el adulto. Es decir, en sus puntos fuertes y en sus debilidades en cuanto a las habilidades comunicativas y sociales, en su repertorio de juego y en su nivel de funcionamiento intelectual.

Y siempre, cuanto antes se intervenga y en más entornos se implementen las técnicas, más eficaz será el tratamiento.

Se diseñarán tratamientos en los que se incluyan diferentes técnicas en función de las necesidades individuales, como por ejemplo técnicas de control de la conducta, de apoyo emocional, actividades dirigidas a la mejora de las habilidades sociales y comunicativas, por ejemplo,para mejorar la comprensión de expresiones faciales o expresiones del lenguaje coloquial.

¿Cómo vivir con el síndrome de Asperger? 8 consejos y estrategias para vivir con personas que tienen este trastorno
Síndrome de Asperger
Síndrome de Asperger
Las personas con síndrome de Asperger tienen dificultades a la hora de interpretar el lenguaje o las expresiones. Por eso, cuando sea posible, no utilices conceptos abstractos. Se lo más concreto que puedas y utiliza señales visuales como dibujos o palabras escritas para aclarar el significado de los conceptos abstractos. Por ejemplo, en vez de preguntarle a la persona con síndrome de Asperger “¿por qué has hecho esto?” dígale “No me gusta que cierres la puerta dando un golpe cuando dije que era hora de ir al cole. La próxima vez puedes decirme que no tienes ganas de ir y cierra la puerta suavemente”.
Evita usar también modismos o frases hechas tales como “irse por las ramas”, “ahogarse en un vaso de agua” o “tirar la toalla”; frases con doble sentido, sarcasmos o chistes. De utilizarlos, es mejor que los expliques después.
Las personas con síndrome de Asperger realizan continuos esfuerzos para adaptarse al entorno o integrarse en grupos sociales. Debido a esto, pueden parecernos personas egocéntricas o con conductas extrañas, que podemos interpretar como malas o tomarlas como algo personal contra nosotros. No debemos sentirlo así, pues son es intencionado.
Recuerda que a veces pueden no comprender las expresiones faciales u otras expresiones de lenguaje no verbal. Cuidado cuando las uses.
En ocasiones, los comportamientos poco habituales pueden estar mal vistos en distintos entornos. Incluso, personas que rodean a personas con síndrome de Asperger pueden reaccionar de forma poco positiva ante sus conductas. Por ello, es útil que estas personas siempre tengan disponibles un “lugar seguro” o “una persona de confianza”.
Si un niño con síndrome de Asperger realiza de forma repetitiva preguntas o argumentos verbales en un entorno como el colegio, el profesor o nosotros, debemos tratar de interrumpir de forma adecuada dicha conducta. Pidiendo, por ejemplo, que ponga por escrito y de forma lógica la pregunta o la respuesta que quiere dar.
En el colegio, las notas importantes, actividades o tareas es mejor que se entreguen por escrito a los padres o tutores, debido también a las dificultades comunicativas que tienen estos niños y adolescentes.
Por último, no des nada por supuesto y no los trates de forma diferente. A pesar de que tengan dificultades en la interacción social o en la comunicación, intelectualmente suelen tener una inteligencia normal y son personas que con los apoyos adecuados pueden mejorar su calidad de vida.
Copyright © 2013 Educación Física and Blogger Themes.