LA RESPIRACIÓN EN LA ACTIVIDAD FISICA
Se podría comparar la actividad muscular durante el ejercicio con la de un motor que funciona con energía eléctrica. En este caso, los músculos obtienen la energía de un químico llamado adenosin-trifosfato (ATP).
Dos de las fases fundamentales de la actividad muscular son:
Producción de ATP
Generación de desechos (ácido láctico y el dióxido de carbono)
El cuerpo forma ATP por tres mecanismos:
El primero de ellos funciona dentro de la misma célula muscular pero sólo puede suplir las necesidades energéticas durante 8 a 10 segundos.
El segundo mecanismo se desarrolla a partir del aporte de oxigeno (respiración aeróbica) y sintetiza ATP con buena eficiencia metabólica.
En última instancia, cuando el aporte de oxígeno es insuficiente, se pone en marcha un mecanismo celular que no necesita oxigeno (respiración anaeróbica) y sintetiza ATP con menor eficiencia metabólica. Durante este proceso se produce como deshecho ácido láctico que causa fatiga muscular.
Cuanto más intenso y prolongado es el ejercicio los músculos requieren más oxigeno,si el aporte es insuficiente se produce fatiga muscular.
El oxigeno se puede obtener de varias formas:
Aumento del flujo sanguíneo local en el mismo músculo
Derivación de sangre desde otros órganos cuyo trabajo sea menos intenso en ese momento
Aumento del trabajo cardiaco
Respiraciones más profundas
Mayor liberación de oxigeno desde la hemoglobina (proteína trasportadora de oxigeno).
Respiraciones más profundas
La respiración es un proceso automático, es decir que no “pensamos que tenemos que respirar” y, por lo general “no pensamos en respirar de tal o cual forma”; sin embargo, circunstancias como la práctica de actividad física mejoran el rendimiento si se aprende a administrar el aire controlando voluntariamente la respiración y manteniendo un ritmo regular que aporte al organismo un flujo constante de oxigeno.
Respirar es una técnica y es parte del entrenamiento deportivo.
Aprender a respirar beneficia, también, a los pacientes con enfermedades pulmonares
Edema pulmonar de altura
La atmósfera contiene un nivel de oxigeno constante de 21%, independientemente de la altura en relación al nivel del mar. Pero a medida que se asciende la presión atmosférica desciende y baja la presión de oxigeno.
La presión de oxígeno a nivel del mar es de alrededor de 150 mm Hg, pero a 3.048 mts es de 107 mm Hg lo que significa que en los alvéolos pulmonares disminuye de 100 mm Hg a nivel del mar a 78 mm Hg a 2.000 mts y a 38 mm Hg a 5.500 mts. Se considera que por encima de los 5500 metros no es posible para los humanos vivir en forma permanente.
Si no se realiza un adecuado trabajo de acomodación y aclimatación, el funcionamiento del aparato respiratorio en la montaña puede alterarse al punto de causar la muerte. Una complicación muy importante es el edema pulmonar.
Alrededor del 1% de los individuos que suben a 3500 metros desarrollan un edema pulmonar de altura. Los grupos de riesgo están conformados por alpinistas, esquiadores en altitud, aviadores, habitantes de las alturas que pasan algún tiempo a nivel del mar y ascienden nuevamente, turistas que hacen trekking, mujeres en periodo premenstrual, personas que ascienden en automóviles. Se encuentran especialmente expuestos los más jóvenes, aquellos que ya han presentado un edema pulmonar de altura anteriormente, personas con alteraciones de la arteria pulmonar.
El edema de pulmón aparece a alturas inferiores cuanto más rápido es el ascenso.
El edema de pulmón se debe al aumento de la presión pulmonar que favorece que los alvéolos del pulmón se llenen de fluidos dificultando el intercambio de gases y causando una disminución del aporte de oxigeno. Como consecuencia de la menor llegada de oxigeno al cerebro aumenta el flujo sanguíneo hacia el sistema nervioso con edema cerebral.
Los síntomas pueden aparecer en algunas horas o desarrollarse paulatinamente a lo largo de un par de días. Usualmente se inician durante la noche. Son característicos el dolor de cabeza, la dificultad para dormir, náuseas y vómitos y los síntomas respiratorios: tos seca y persistente, disnea y taquipnea, expectoración rosada. Algunos pacientes presentan aumento de la temperatura y cansancio. En los casos más graves de edema cerebral puede haber confusión, alucinaciones y estado de coma.
Los síntomas pueden reaparecer si el paciente regresa al campo de base sin haberse repuesto completamente.
El método más apropiado para evitar el edema pulmonar de altura es realizar un ascenso lento hasta conseguir una adecuada aclimatación. Se recomienda a partir de 3.000 metros no superar los 300 metros de desnivel por día. En las expediciones en las cuales los campos base están a 5.000 metros, es conveniente dilatar una semana el pasaje de 3.000 a 5.000 metros y descansar uno o dos días en este punto antes de continuar subiendo.

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